
Holy Trinity Sunday
Psalm 8 wonders in awe at the magnificent creator and the largeness of his creation. Expectedly, the psalmist wonders about the motivation the Creator may have to love and care for humanity, such a small feature in the largeness of the cosmos. In this wonderment the purposes of God don’t get lost: God’s intention has been to place humanity over the rest of creation. Genesis tells us this in detail, and the resulting created order is “very good.” This created order is rightly a source of wonderment and puzzlement by humans in every generation. Over 200 years ago the analogy of the watch (and God the Divine Watchmaker) was used to describe our proper relationship with creation. When we find an insect on the sidewalk, instead of thinking of it as a product of chance we must think of it as a highly complex creation that reveals the skillful hand of its maker. As with all analogies, creation-as-watch became an insufficient way to describe the very complex relationship between God and humanity since it does not account for love. Paul writes that our relationship with each other is not unrelated to our relationship with our Creator, who is not a distant watchmaker who has walked away form a well-oiled machine, but rather remains close and nurtures with his presence the whole of creation. Since the fall of humanity into sin, God’s work has been one of restoration, supremely through the work of his son Jesus Christ and presently through the work of the Holy Spirit in his church. The Great Commission of Jesus to his disciples puts into sharp perspective the original Genesis charge over humanity to “have dominion” over the animal kingdom. “Make disciples as you go” reinstates our Christian calling to the rest of humanity. While it is clearly wrongheaded to think of creation as a fount of resources we can thoughtlessly exploit, it is also inadequate to think of ourselves as a community that must remain distant from the world due to fear of contamination or worse, uninterested in the pain of a suffering world. God is present in creation to nurture and restore it. Through the Holy Spirit, God is now present in the church to nurture and restore a suffering world, calling it to conversion. This is the mission of the Trinity. Our presence in the world, therefore, is nurturing and restorative in the power of the Holy Spirit. How could it possibly be otherwise?
El salmo 8 se maravilla del creador magnífico, y de la amplitud de su creación. Como era de esperarse, el salmista pausa y pregunta ¿Qué motivación podría tener el Creador para amar y cuidar de la humanidad fallida, una parte tan pequeña en la grandeza del cosmos? En todo este asombro, los propósitos de Dios no se pierden: la intención de Dios ha sido poner en primer lugar a la humanidad sobre el resto de la creación. Génesis nos dice esto en detalle, y el orden creado resultante es "muy bueno". Este orden de la creación ha sido justamente una fuente de asombro y perplejidad del ser humano en cada generación. Hace más de 200 años, la analogía del reloj (y Dios el relojero divino) fue utilizada para describir lo que debiera ser nuestra relación con la creación. Cuando nos encontramos con un insecto en la calle, en vez de pensar en él como un producto de la casualidad, debemos pensar en el como una creación muy compleja que revela la mano hábil de su hacedor. Al igual que con todas las analogías, la creación-como-reloj se convirtió en una forma insuficiente para describir la compleja relación entre Dios y la humanidad, ya que no toma en cuenta el amor. Pablo escribe que nuestra relación con los demás no esta desligada a nuestra relación con nuestro Creador, que no es un relojero distante que ha dejado sola la máquina bien engrasada, sino que permanece cerca y nutre con su presencia a toda la creación. Desde la caída de la humanidad en el pecado, la obra de Dios ha sido uno de restauración, supremamente a través del trabajo de su hijo Jesucristo y en la actualidad a través de la obra del Espíritu Santo en su iglesia. La Gran Comisión de Jesús a sus discípulos pone en aguda perspectiva el cargo original en Génesis sobre la humanidad para "tener dominio" sobre el reino animal. "Haced discípulos mientras andan" restablece nuestra vocación cristiana con el resto de la humanidad. Mientras que es claramente equivocado pensar en la creación como una fuente de recursos que pueden explotar sin pensar, también es insuficiente pensar en los cristianos mismos como una comunidad que debe mantenerse al margen del mundo por temor a la contaminación o peor, poco interesados en el dolor de un mundo que sufre. Dios está presente en la creación para nutrirla y restaurarla. A través del Espíritu Santo, Dios está presente en la iglesia para nutrir y restaurar a un mundo que sufre, llamándole a la conversión. Esta es la misión de la Trinidad. Nuestra presencia en el mundo, por lo tanto, nutre y restaura en el poder del Espíritu Santo. ¿Cómo podría ser de otra manera?